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No
toda la cerveza es lúpulo y cebada. Según
un nuevo estudio, se ha descubierto un nuevo
componente que podría tener efectos positivos
en la salud. |
Investigadores
de la Universidad Estatal de Oregón (EEUU)
descubrieron hace 10 años un flavonoide en
la cerveza que bautizaron con el nombre de xantohumol.
Un artículo reciente de la revista Phytochemistry
ilustra las conclusiones a las que el equipo ha llegado
tras todo ese tiempo de investigaciones, junto a otras
experiencias con flavonoides llevadas a cabo por científicos
de diversas partes del mundo. Como principal conclusión,
la revista subraya que los flavonoides han evidenciado
un potencial interesante en la prevención de
cánceres de próstata y de colon. Asimismo,
suplen la función de la terapia hormonal sustitutiva
en mujeres posmenopáusicas.
Fred
Stevens, adjunto de cátedra en la Facultad
de Farmacia de la Universidad Estatal de Oregón,
asegura que xantohumol es uno de los compuestos naturales
identificados con mayor quimioprotección frente
al cáncer. Se le atribuyen también propiedades
metabólicas, pero antes incluso de que los
estudios en marcha ultimen sus conclusiones, la industria
alimenticia espabila ya distintos métodos para
aislar el xantohumol y comercializarlo como suplemento.
El producto más cercano, en tal sentido, va
a ser una cerveza «fortificada» con xantohumol
que pronto va a estar disponible en bares y puntos
de venta. Stevens reconoce que «sería
falso inferir de este mensaje que beber cerveza previene
el cáncer, puesto que el contenido de xantohumol
en las cervezas comercializadas es menor al necesario
para ejercer una función preventiva eficaz;
pero el único producto de consumo que contiene
dicho flavonoide es, en efecto, la cerveza».
Mecanismos de acción
Los
investigadores aseguran que xantohumol, presente en
la cerveza, tiene propiedades antioxidantes superiores
incluso a las de la vitamina E Xanthohumol ejerce
esa protección anticancerígena por medio
de distintos mecanismos de acción. El más
llamativo es la inhibición del citocromo p450,
que a su vez activa los procesos cancerígenos.
Son varios los flavonoides que inhiben esta sustancia,
pero xantohumol induce además la actividad
de la quinona reductasa, una enzima que ayuda a combatir
la toxicidad de moléculas eventualmente carcinógenas.
Por último, inhibe el crecimiento tumoral en
sus etapas más precoces.
En
los últimos 10 años, tanto el xantohumol
como otros prenilflavonoides han sido investigados
por su actividad fitoestrogénica, especulándose
un potencial terapéutico en la prevención
osteoporósica y la sintomatología del
climaterio. Sin embargo, no existe hasta la fecha
un ensayo clínico diseñado para evidenciar
este posible efecto. Ocurre, como con la cerveza,
que antes de que la evidencia científica avale
la eficacia de los flavonoides en la posmenopausia,
ya se han puesto a la venta preparados herbales y
una cerveza «funcional», comercializada
en Alemania, que además de mitigar la sintomatología
del climaterio, aseguran los fabricantes, incrementa
el volumen de los pechos «gracias a su elevado
contenido en xantohumol».
Por
si le faltaran ventajas al xantohumol, el artículo
de Stevens y su grupo de expertos asegura que tiene
propiedades antioxidantes dignas de atención
«y superiores incluso a las de la vitamina E».
Inhibición
de mutantes carcinogénicos
En
Japón, país en el que la cerveza es
tan dorada como su precio de venta en el mercado,
investigadores de la Universidad de Okayama, cercana
a Hiroshima, publicaron el pasado diciembre un artículo
en la revista oficial de la American Chemical Society
con los resultados de un estudio de 24 cervezas, incluyendo
una variedad sin alcohol, provenientes de 11 países
distintos (Inglaterra, Francia, Alemania, Irlanda,
Italia, Japón, Holanda, Rusia, Escocia, República
Surafricana y Estados Unidos).
Todas
ellas, según los expertos nipones, hicieron
gala de un potente efecto inhibidor de mutágenos
presentes en distintos tipos de aminas heterocíclicas.
Sakae Arimoto-Kobayashi, responsable del estudio,
aseguró que las cervezas más oscuras
ejercieron la acción inhibitoria más
profusa, que resultó casi inapreciable en las
cervezas más claras y en la variedad sin alcohol.
Al igual que la cerveza más oscura, los vinos
blancos, el coñac y el sake japonés
han demostrado el potencial inhibitorio; el whisky,
en cambio, no.
Proteger el corazon
Brindar
con cerveza también protege frente al infarto
de miocardio. De nuevo en el órgano de la American
Chemical Society aparece un estudio de la Universidad
Hebrea de Jerusalén (Israel) según el
cual beber un vaso diario de cerveza produce cambios
bioquímicos en la sangre que ayudan a prevenir
la eventualidad de un infarto. Shela Gorinstein y
su grupo de expertos sometieron a 48 hombres con enfermedad
coronaria y una edad comprendida entre los 46 y los
72 años a una dieta que incluía una
sola cerveza al día por espacio de un mes.
Compararon su evolución con la de otro grupo
de características similares que bebió
sólo agua.
Los
expertos descubrieron con asombro que los bebedores
de cerveza tuvieron una disminución más
pronunciada de los niveles de colesterol, aumento
de antioxidantes y menor acúmulo de fibrinógeno
en la sangre.
Dicho estudio demostró, además, que
un consumo moderado de alcohol produce cambios estructurales
en el fibrinógeno, una proteína sanguínea
responsable de los coágulos, inhibiendo su
capacidad coagulante. Los investigadores subrayaron
el hecho de que tanto el grupo que consumió
cerveza como el que consumió agua siguieron
una dieta cardiosaludable, rica en frutas y vegetales.
No obstante, en el grupo de cerveza aumentó
más el colesterol HDL (beneficioso) y disminuyó
por contra el LDL, además de registrarse una
mayor actividad antioxidante.
Durante
el periodo estudiado (cuatro semanas) no se registraron
episodios cardiacos en ninguno de los dos grupos,
y los científicos tratan ahora de determinar
el riesgo coronario y las expectativas de supervivencia
en bebedores de cerveza y agua para determinar un
patrón comparativo.